Combate de Héroes: Guerra de Universos (Parte II)

estela

Nueva York. En la actualidad.

Tras su enfrentamiento con Thanos, Estela Plateada acude a la Tierra para informar de lo sucedido al grupo de superhéroes conocido como Los 4 Fantásticos. Cuando llega al edificio Baxter se da cuenta de que algo va mal… El edificio se encuentra sellado y vacío. La ciudad parece diferente. El panorama es desolador, frío… ¿Dónde están los habitantes de esta gran urbe? Su conciencia cósmica no percibe ningún cambio, pese a que es evidente que algo terrible ha sucedido. De pronto, se da cuenta de que cerca hay una presencia que conoce sobradamente.

-“¡Stephen Strange!” – Exclama aliviado al reconocer a su querido Doctor Extraño – “¿Por qué no te percibí antes?”

-“Saludos, amigo mío. Perdona que me presente ante ti en mi forma astral pues algo ha sucedido y no puedo regresar a mi yo físico” – Dijo Strange.

-“¿Qué ha pasado?” – Preguntó Estela.

-“Básicamente, es como si no estuviesemos aquí, Norrin. En la Tierra, me refiero. No hay nadie en el Planeta… Salvo tú, claro. Me pregunto cómo es posible…” – Le dijo el Doctor Extraño.

Sigue leyendo

Anuncios

Combate de Héroes: Guerra de Universos (Parte I)

kresia

Santuario de Kresia, Titán. Cerca de Saturno.

Una ominosa figura camina hacia el mausoleo de la familia real con paso firme. La aparatosa tormenta de polvo de roca y metano parece no afectarle lo más mínimo. Una vez dentro, se dirige a la zona donde están las tumbas de los grandes héroes de Titán. Allí, vemos como los estragos de la gran guerra contra Annihilus son el testigo mudo de la decadencia de una civilización.

Cuando encuentra la tumba de Eros, el hijo del eterno Mentor de Titán, esboza una inquientante sonrisa, mezcla de orgullo y desprecio. Al final de un oscuro pasillo, nuestro desconocido halla aquello que andaba buscando: un cetro de poder que contiene el orbe dorado de la vida, una reliquia de incalculable poder.

Sigue leyendo

Diablo III, la búsqueda de Fenrir [Relato]

diablo-iii-barbaro

Me llamo Fenrir. Como el feroz lobo gigante de las leyendas que los ancianos navegantes del Norte contaban a mis ancestros. En mi tribu mantuvimos estrechas alianzas con estos señores del frío desde tiempo inmemorial. Mi madre, fuerte y valerosa mujer descendiente de los guerreros del Norte, fue quien me puso ese nombre nada más nacer. Fue un parto difícil, las mujeres de la tribu dijeron que no llegaría a ver la luz del Sol. Se equivocaron. A ella le gustaba contar que llegué a este mundo luchando. De niño, me llamaba su fiero cachorro. Recuerdo que antes de levantar dos palmos del suelo ya sabía usar un arma. Fue mi padre, Ülrich, rey de los bárbaros de las estepas y legítimo Señor de Arreat, quien me mostró el camino del acero. Me adiestró en el manejo del hacha, me enseñó a luchar con las manos desnudas, a montar a caballo por las laderas del monte sagrado. Me educó para ser libre, para vivir siguiendo un único código: Morir por la espada. Fue quien me regaló mi hacha de batalla cuando me hice un hombre, forjada con sus propias manos. Ahora, como muchos de los míos, yace bajo tierra por culpa del terrible mal que asola este mundo.

Sigue leyendo

La Casa de los Galitzia [Relato]

No sé exactamente como sucedió. No me acuerdo de casi nada de mi infancia. Tampoco sé si en algún momento fui una buena persona o si ya desde pequeño era un mal bicho, una persona ruin y mezquina. No hay en mi memoria recuerdos del calor de un hogar o una familia que añorar. Mis amigos, si alguna vez los tuve, marcharon ya largo tiempo atrás para nunca volver. Supongo que ese tipo de cosas te marcan de por vida.

Lo que sí recuerdo como si fuese ayer, son los momentos que pasé en la Casa de los Galitzia. En aquellos días yo debía tener unos diecisiete. Era un muchacho fuerte, decidido y recuerdo muy bien que había pocas cosas a las cuales tuviese algún tipo de temor. Era un mozalbete con mucho desparpajo y con la cara dura como un pedrusco de cantera.

Debéis comprender, amigos míos, que haya detalles en mi vieja cabeza los cuales recuerde más nítidamente que otros. Como os decía, el joven que en aquel tiempo era, malvivía delinquiendo y metido en sinfín de problemas, uno tras otro. Pero la dureza de tan difícil época exigía de innumerables argucias para poder sobrevivir. Yo me dedicaba a apropiarme de lo ajeno tantas veces como me fuera posible. Era salteador de caminos. Era el ladrón de los pazos.

Sigue leyendo

La caída del rey orco [Relato]

castillo_del_rey_orco

Érase una vez que se era, un grupo de trolls que vivían en una caverna muy profunda. Tan profunda, que la luz del astro rey no llegaba nunca hasta aquellas húmedas grutas. Dicho grupo de trolls trabajan sin descanso para el Rey Orco, difundiendo día a día su siniestro mensaje a lo largo y ancho de las Tierras de Lohw.

El Rey Orco, era un pequeño y malvado ser que gobernaba con mano de hierro desde su Palacio Dorado, construido con el sudor de sus esclavos. Los sirvientes del Rey Orco se dividían en tres tipos: Los vasallos que servían fielmente en el Castillo, los caballeros defensores (que ganaban un sueldo cuasi-digno dada su posición social privilegiada) y, por último, los trolls que se encargaban de hacer todo el trabajo sucio. Labores, que en la mejor de las ocasiones consistían en trabajos forzados y mal pagados en las cavernas. Pero un día, un grupo de trolls, que estaban hartos de ser explotados, decidió revelarse y comenzar una revolución.

Sigue leyendo