Batman mola más que tú… ¡Y lo sabes! [Crítica literaria]

Hablar de Todopoderosos es hablar de un fenómeno que podría catalogarse como uno de los mayores éxitos recientes dentro del podcasting español. Proyecto nacido de la prodigiosa cabecita de Arturo González Campos (guionista de televisión, locutor de radio y mil cosas más) este programa reune a leyendas vivientes del humor de nuestro país como el caso de Javier Cansado, cineastas con una mente maravillosa y una elocuencia sin parangón como Rodrigo Cortés  y el escritor Juán Gomez Jurado, autor de varios best sellers y al que le toca el rol de genio incomprendido en un programa que, entre plataformas como iVoox y iTunes, suma cada vez más descargas y que ha enamorado a los fans del humor y la cultura, los cuales esperan ávidos cada entrega como si no hubiese un mañana.

El primero de los cuatro mencionados y el último, tras el divertido e hilarante ‘La Fuerza para cuñaos‘, vuelven a unirse para dejarnos un libro sumamente entretenido, uno de esos trabajos literarios que captura la esencia del podcast y lo traslada al universo de las letras con el único afán de entretener aprendiendo. O aprender mientras te entretienes, como lo queráis ver.

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La Casa de los Galitzia [Relato]

No sé exactamente como sucedió. No me acuerdo de casi nada de mi infancia. Tampoco sé si en algún momento fui una buena persona o si ya desde pequeño era un mal bicho, una persona ruin y mezquina. No hay en mi memoria recuerdos del calor de un hogar o una familia que añorar. Mis amigos, si alguna vez los tuve, marcharon ya largo tiempo atrás para nunca volver. Supongo que ese tipo de cosas te marcan de por vida.

Lo que sí recuerdo como si fuese ayer, son los momentos que pasé en la Casa de los Galitzia. En aquellos días yo debía tener unos diecisiete. Era un muchacho fuerte, decidido y recuerdo muy bien que había pocas cosas a las cuales tuviese algún tipo de temor. Era un mozalbete con mucho desparpajo y con la cara dura como un pedrusco de cantera.

Debéis comprender, amigos míos, que haya detalles en mi vieja cabeza los cuales recuerde más nítidamente que otros. Como os decía, el joven que en aquel tiempo era, malvivía delinquiendo y metido en sinfín de problemas, uno tras otro. Pero la dureza de tan difícil época exigía de innumerables argucias para poder sobrevivir. Yo me dedicaba a apropiarme de lo ajeno tantas veces como me fuera posible. Era salteador de caminos. Era el ladrón de los pazos.

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