Wonder Boy, cuando el chico maravilla visitó la Game Gear

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Siempre es un buen momento para sacarle partido a nuestras portátiles y, sobre todo, para dar caña a las últimas novedades que hemos comprado pero… ¡Por Tutatis, dejad de jugar un poco a las consolas esas tan molonas de última generación y prestad atención a ese mamotreto de handheld device que tenéis justo al lado! Vale, de acuerdo: Es viejuno y de aspecto robusto… ¡pero extrañamente molón! Sí, es ese que está en el mueble, al lado de ese montón de juegos de distintas plataformas.

Mirándola de cerca, tendréis que reconocer que esta consola portátil tiene cierto encanto que la hace tremendamente irresistible. Es de color negro, pesa un huevo (y parte del otro), los juegos son en color, las seis pilas necesarias para jugar duran poco y, como la inmensa mayoría de vosotros ya sabéis, se llama Game Gear.

En efecto, hoy hablamos en esta sección de la legendaria consola portátil (no hagáis el chiste fácil de las pilas aún) de SEGA. O, más exactamente, de uno de los mejores (y más divertidos) títulos de su catálogo: Wonder Boy. El juego del pequeño rubiales de nombre Tom-Tom que lanza hachas de piedra y monta en monopatín también recibió su correspondiente port en esta consola. Y, todo hay que decirlo, con bastante buen resultado.

Tras cosechar un importante éxito en la versión arcade, el título fue portado a Master System y otros sistemas. Entre ellos, estaba también Game Gear (para deleite de los compradores de dicha consola). Como curiosidad, os diré que el juego fue lanzado en Norteamérica con el extraño nombre de “Revenge of Drancon” mientras que en Europa lo conocíamos simplemente como Wonder Boy. El cartucho es casi una reliquia hoy día y, en mi opinión, es un imprescindible para los poseedores de Game Gear por su calidad y el divertimento que atesora.

La trama del juego es la siguiente: el malvado Rey Drancon ha secuestrado a la simpar Tanya, la chica del protagonista, y a éste no le queda más remedio que, skateboard en ristre, recorrer la isla entera para salvarla. En su periplo, tendrá que luchar contra feroces y extrañas criaturas y salvar diferentes obstáculos. Como veis, una vez más (y van…) la historia es casi inexistente y es una mera excusa para empezar a disfrutar de las plataformas y los coloridos escenarios que componen el juego desarrollado por Escape para Game Gear en 1991.

Rápidamente, la gente le cogió cariño a este juego porque (entre otras cosas) la mecánica de juego era muy sencilla, divertida y adictiva. Además, estaba lleno de sprites de aspecto simpático que visualmente también enganchaban al jugador. Las geniales (aunque repetitivas) melodías “ochobiteras” que acompañaban al jugador mientras saltaba de plataforma en plataforma eliminando bichejos, hacían el resto. Cuando querías darte cuenta, te habías quedado prendado de las aventuras de Tom-Tom. Y, como digo, el port de Game Gear era realmente muy bueno.

A nivel jugable, teníamos diversión por un tubo. El pequeño cavernícola debía avanzar hasta la meta para completar la fase de turno, superando todo tipo de obstáculos por el camino. Debíamos avanzar a toda costa sin detenernos, aunque ello significara morir al caer al vacío por un mal salto o por perder toda nuestra barra de vida al chocar con piedras, fogatas o los diferentes bichejos de la selva como serpientes y murciélagos. Por si fuera poco, el reloj también daba buena cuenta de nuestras vidas y además de lo mencionados peligros se añadía el componente de ser una carrera contra éste.

tom-tom

Por el camino, Tom-Tom tenía que recoger unos misteriosos huevos que contenían items de gran utilidad como un arma arrojadiza (la famosa hacha de piedra) u otros más extraños como un monopatín para deslizarnos a toda pastilla por los diferentes escenarios que componían la isla. Las nubes que se movían de un lado a otros dificultando nuestros movimientos o las piedras gigantes que aparecían de la nada rodando para aplastarnos, aportaban un toque extra de motivación al juego. Lo normal es que memorizaras bien como superar los obstáculos para poder llegar al enemigo final con la mayor cantidad de vida y así acabar con él sufriendo lo menos menos posible.

No había checkpoints al uso (como ocurre en los títulos actuales) por lo que había que tirar de continues y cuando estos empezaban a agotarse, la gota de sudar rondaba tu frente. También contenía las famosas fases de bonus y no podemos olvidar ni las muñecas que al encontrarlas aumentaban nuestra puntuación ni el power up de la “invencibilidad momentánea” que, como era habitual en aquellos años, duraba tan sólo unos segundos.

En conjunto, un completísimo juego de plataformas que en mi opinión es de lo mejorcito que puedes encontrar en la consola de SEGA. Juegos de la saga a recomendar? Todos y cada unos de ellos. Búscalos y hazte con ellos como sea. Bien en cartuchos, recopilatorios (SEGA Ages 2500 vol. 29 debe ser difícil de encontrar hoy día), o descárgalos de las diversas plataformas actuales. Por cierto, un último apunte: Posteriormente, vieron la luz otros títulos de “similares características” para los sistemas de “La Gran N” de los cuales se encargó la otrora maravillosa Hudson Soft y que todos conocemos con el nombre de Adventure Island. En concreto, tengo especial debilidad por la versión para Game Boy, uno de los mejores cartuchos que puedes meter en la “tocha” de Nintendo. ¡Ah, la magia de antaño, amigos! Ese tipo de juegos que nunca te cansas de jugar. Pues eso, que si no tienes este Wonder Boy en tu Game Gear ya estás tardando en adquirirlo. Y sí, compra pilas de paso. Las necesitarás.

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