Mega Drive Legends, el libro definitivo sobre la 16 bits de SEGA [Crítica]

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A menudo, los libros sobre videojuegos suelen decepcionarme bastante. Sí, hay algunos muy buenos (y muy bien escritos, por cierto) pero otros en cambio parecen estar hechos deprisa y corriendo, a menudo firmados por nombres conocidos en Internet a modo de reclamo. Con suerte, y en el mejor de los casos, hallarás algunos libros escritos por gente que domina el tema a tratar y poseen grandes conocimientos pero que, por desgracia, no cuentan con un buen apoyo empresarial detrás al no tener experiencia editorial previa.

Como si se tratase del producto de una moda que en los últimos tiempos no ha dejado de crecer, raro es el mes que no se anuncia un “nuevo libro sobre tal o cual franquicia”. Para llevarse a casa un buen libro sobre ocio electrónico, hay que saber filtrar muy bien e intentar no dejarse llevar por el ímpetu e incluso por el hype (es difícil, lo sé). Es bueno y recomendable leer siempre antes diferentes opiniones de gente que ya haya leído la obra en cuestión y así evitar el llevarse desagradables sorpresas.

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RetroMadrid 2014, crónica del evento

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El pasado fin de semana tuvo lugar en la capital de España una nueva edición de RetroMadrid, el evento más querido por todos los amantes del videojuego clásico, los emuladores y los ordenadores viejunos. Una feria dedicada al mundo retro en todas sus vertientes que, si bien mejoró algunas cosas respecto al año pasado, estuvo marcada por algunos fallos de organización que dejaron un amargo regusto a los asistentes que llegaron de todos los puntos de la piel de toro.

RetroMadrid 2014 se celebró una vez más en el Matadero de Madrid (como viene siendo habitual desde 2012) y hay que señalar que la nave habilitada para las exposiciones (el pabellón) estuvo mejor acondicionada y tanto la iluminación como la ubicación de algunos stands mejoró de manera considerable respecto a ediciones anteriores (el año pasado el ambiente era asfixiante y lúgubre a partes iguales) y ahora era más fácil disfrutar de lo expuesto mientras recorrías la nave, por lo que en ese sentido todo correcto.

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Retrogaming in Holland

Game Over?
Hace unos años, tuve la fortuna de pasar unos días de asueto en la maravillosa ciudad de Amsterdam, en Holanda. Dicha ciudad, es bien conocida por sus numerosos canales, sus coffee-shops y su famoso y variopinto “barrio rojo”. Pues bien, lo que yo personalmente desconocía era que los holandeses fuesen también “jugones”.

Y es que no solamente están atentos a las novedades que se produzcan dentro del mundillo, sino que en la ciudad de Amsterdam existe una fenomenal tienda de “retrogaming” donde puedes encontrar prácticamente cualquier consola, periférico o ese título que llevas buscando desde hace bastante tiempo.

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Mutant Mudds, plataformas pixeladas en 3DS

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A menudo, el “retroamor” (si se me permite la expresión) es usado como reclamo para atraer a cierto sector del público gamer y luego pasa lo que pasa: solo unas pocas obras daban la talla y los títulos que alcanzan el mínimo de calidad exigido brillan por su ausencia. Pues bien, resulta que Mutant Mudds se encuentra dentro de ese grupo de juegos que, apelando a nuestro cariño por los píxeles como puños, no solo consigue el aprobado con buena nota sino que puede que incluso (si te descuidas) acabe siendo uno de tus juegos favoritos del catálogo de la portátil de Nintendo.

Y es que Mutant Mudds es uno de esos juegos por los que al principio no apuestas nada pero que acaba enganchando cosa mala. Todo lo que gira a este entretenido juego desarrollado y editado por la gente de Renegade Kid, destila esencia “ochobitera” por los cuatro costados. La trama es (como suele habitual en un juego de estas características) simple y efectiva, sin dar lugar a complejidades y sobre todo muy simpática. Resulta que la tierra ha sido invadida por mutantes de barro que están sembrando el caos por doquier. Nuestro héroe es un niño rubio y con gafas enormes llamado Max que, tras contemplar por la televisión de su abuelo la invasión de los alienígenas, decide hacerles frente con la ayuda de su mochila propulsora y su pistola de agua.

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