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Si hay un personaje de Nintendo que se ganó un hueco en el corazón de los usuarios de Game Boy en los años noventa ese es sin duda el sin par Kirby. Lo logró gracias a “Kirby’s Dreamland”, uno de los mejores juegos de plataformas que han salido de la factoría nipona para el catálogo de su pequeña gran portátil.

Este personaje de aspecto entrañable, debutaba en Game Boy en el año 1992 y pronto comenzó a ganar adeptos entre los fanáticos de la consola portátil. Desarrollado por Hal Laboratory Inc., desde el primer momento se observaba que estaba hecho para jugadores “no habituales”. La mecánica del título era muy sencilla y su casi inexistente dificultad le hacía bastante asequible para todo tipo de público.

Kirby, nuestro protagonista es una especie de “fantasmita glotón” que vive en el mundo de Dream Land, el cual está siendo vilipendiado por el Rey Dedede. Éste, ha robado las Estrellas Relucientes de Dream Land así que Kirby, se lanza a la aventura para detenerlo y recuperarlas.

Concebido en sus orígenes con el absurdo nombre de “Popopo”, posteriormente tomó el nombre por el cual lo conocemos hoy día. Mientras Shigeru Miyamoto quería que Kirby fuese de color amarillo, la idea inicial de Masahiro Sakurai, encargado del proyecto y diseñador del personaje ( y que a la postre se llevaría a cabo) fue que el rosa tenía que ser el color definitivo de Kirby.

Pink-Kirby
“Finalmente, nuestro simpático amiguito acabó de color rosa…”

Hay quien dice que para la portada de Game Boy se decidió que el blanco casaba más con el personaje dadas las características técnicas de dicha consola, pero la cuestión es que el personaje tuvo suficiente éxito que (además de en Game Boy) pudo continuar sus aventuras en otros sistemas de la “Gran N”, ya con el mencionado color rosado del personaje (a pesar de que el bueno de Miyamoto seguía empeñado en verlo de amarillo).

Gráficamente, era bastante bueno. El diseño de los escenarios y de los personajes era muy correcto pero pecaba de ser excesivamente infantil. Esto no debe tomarse como algo negativo en absoluto, ya que estaba en la línea de los personajes de Nintendo, una compañía que siempre ha buscado crear juegos para todo tipo de público y vender títulos que se pudiesen disfrutar en familia.

Kirby era el absoluto protagonista del título. El diseño del personaje, pese a su simpleza, estaba lleno de carisma. El personaje se movía con soltura y desparpajo a través de las plataformas que poblaban Dream Land, cuyos escenarios ambientaban a la perfección al juego. Muy logrados, por poner un ejemplo,  los escenarios del Castillo Lololo o las Islas Flotantes, entre otros.

02El sonido, era bastante correcto (en la línea de otros juegos de Game Boy). Realmente no aportaba nada que no tuviesen otros títulos de la época o del estilo, pero tenía algunas canciones muy chulas como la simpática melodía que suena en la pantalla-título o las “cancioncillas” que amenizaban los encuentros con los jefes finales como el Duende de las Bombas o el Árbol Viviente que lanzaba manzanas.

En cuanto a la jugabilidad, manejar a Kirby es sin duda alguna lo mejor del juego. Nuestro personaje tenía dos funciones básicas: saltar (A) y absorber casi cualquier cosa, desde objetos a sus propios enemigos (no todos) para retenerlos en su boca y expulsarlos contra otros enemigos (B) cuando fuese necesario destruirlos. Así de simple. Y de efectivo. Porque el triunfo de la mecánica de juego en éste título era ese: la simplicidad. Bueno, también si dejabas pulsada la cruceta superior nuestro personaje “flotaba” en el aire permitiéndole llegar a sitios elevados.

Quizá el mayor (y posiblemente único) fallo de éste título era que cinco fases se antojaban cortas. Es de sobra conocido el hecho de que Masahiro Sakurai hizo aposta el juego de esta manera con el claro objetivo de que no resultase pesado para la gente no acostumbrada a los videojuegos. Uno de los juegos que recuerdo con más cariño y posiblemente uno de los mejores del extenso catálogo de la legendaria portátil de Nintendo.

Lo mejor del juego, sin duda era el propio Kirby. El título ofrecía diversión plataformera de primera calidad y técnicamente cumple su cometido con creces. La única pega que tenía éste juego es que quizá era un pelín corto y demasiado fácil, con lo cual lo terminabas muy pronto (en 3-4 horas estaba finiquitado) y te quedabas con ganas de más.

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