Destiny, la nueva epopeya galáctica

destiny

Vaya por delante que esto no es un análisis ni muchísimo menos. Tampoco lo pretende. Es sólo la humilde opinión de un jugador como tú, querido lector, que había depositado muchas esperanzas en la que, teóricamente, iba a ser la gran bofetada de Bungie a Microsoft tras haber abandonado la casa que tantos éxitos y tanta fama le dio con la archiconocida saga Halo. Destiny estaba llamado a ser el último gran pelotazo de la industria (y en cierto modo lo ha sido, al menos si hablamos del número de copias vendidas y hype generado).

Bungie siempre ha sido de esas compañías respetadas del sector, con una gran trayectoria a sus espaldas (el que os escribe tuvo hace unos años la suerte de conocer y entrevistar al Community Manager de la desarrolladora afincada en Chicago y a uno de sus diseñadores jefe) y, tras ver un poco la evolución de esta gente con Halo (ip de la que han sido amos y señores desde principios de este milenio) y sobre todo viendo el fenomenal trabajo realizado “Reach” (a mi juicio uno de los mejores juegos de la franquicia de Microsoft) era de suponer que, con el apoyo de ActiVision (y eso es mucho apoyo en el terreno de los FPS) y el buen hacer de los norteamericanos y padres del Jefe Maestro, la cosa (a priori) pintaba realmente bien.

Ocurrió que, tras el omnipresente hype inicial, llegó la vítola de “juego más reservado ever”, seguida de “juego que ha costado mucha pasta ergo lo va a petar fijo”. Pero como en la industria del videojuego nada es seguro, la cosa empezó a torcerse en el momento en el que ActiVision decidió no enviar copias de prensa a los medios especializados y blogs temáticos. De ese modo, todo hijo de vecino (o al menos la mayoría) tendría que esperar a la salida del juego. Empezó así a fraguarse un mal ambiente en redes sociales como Twitter (un sitio francamente maravilloso donde uno dice su verdad, siendo ésta la única válida porque para eso es suya) y los timelines de muchos aficionados al videojuego y gente que se dedica a escribir sobre esto del videojuego bien sea de manera profesional o no, se llenaron de quejas y frases como “no he recibido mi copia de Destiny, me parece fatal” y similares. También hubo quien se lo tomó con guasa y este conato de polémica comenzó a remitir a medida que se acercaba la fecha de lanzamiento del juego.

Llegó el día de salida del juego y con el las sensaciones encontradas. Cuando introducí el Blu-Ray en la PlayStation 4, me topé con la primera en la frente: actualización al canto que me obligaba a no poder jugar al juego mientras ésta se instalaba. “Vale, no hay problema” – Pensé – “Juego un ratito a Strider y cuando se instale pues le doy caña. Tengo tiempo”. Dicho y hecho. El sistema me avisó de que ya estaba listo todo para jugar. Y comenzó una intro bastante espectacular con cierto sabor a blockbuster sci-fi al más puro estilo Hollywood. Sin ser nada del otro mundo, me gustó mucho el concepto explicado, la música y el estilo de narración, a cargo del actor Carlos Koniowski (fantástico en el papel del Orador).

El-Orador

El Orador se encarga de contarnos la historia de una entidad llamada El Viajero, que con su llegada a nuestra galaxia propicia que la humanidad alcance una era de esplendor nunca soñada, encaminando a la raza humana hacia su destino, que no es otro que viajar a las estrellas. Como en el universo todo es dualidad, con este ser llega también La Oscuridad, la contrapartida de El Viajero, que lo consume todo a su paso con la intención de aniquilar todo lo bueno. Tras la intro, comienza la partida. Nos situamos en el Planeta Tierra. Cuando todo parecía perdido y las huestes de los infames caídos asolan la última ciudad de la Tierra, en la madre Rusia.

Así comienza Destiny, en una misión con nuestro particular androide, llamado El Espectro, devolviéndonos a la vida y metiéndonos de lleno en la tarea de guardián y salvador del universo. Inmediatamente, comienzan también los constantes errores de conexión (hay una lista cuasi interminable en bungie.net). Al parecer, ocurre porque actualizan servidores mientras juegas. Esto, es un soberano coñazo (con perdón) pues el jugador se ve expulsado de la campaña (la cual bajo mi punto de vista tiene el horrible handicap de ser online) y en la mayoría de los casos pierdes todo lo que habías avanzado. A más uno de uno, esto le ha sentado como una patada en la boca del estomago (sobre todo por echarte de una campaña cada dos por tres, lo cual es absurdo). Si a eso le sumas cortes de conexión por tareas de mantenimiento en los últimos días, jugar a Destiny se convirtió en un calvario para muchos.

Una vez se van solucionando estos problemas, ya comienzas a sumergirte con más profundidad en el juego y lo primero que te llama la atención es el gran nivel técnico que posee en la mayoría de sus apartados. El diseño artístico de personajes, armas, clases, vehículos y enemigos es sensacional. La banda sonora (que me ha recordado mucho a la de grandes films de ciencia ficción como Prometheus, sin ir más lejos) es apabullante. Verdaderamente, los señores Martin O’Donnel y Michael Salvatori son unos genios y se han superado a sí mismos una vez más. Casi diría que lo que más me gusta de Destiny es su alucinante soundtrack. Si a ello le añadimos un gran nivel de efectos de sonido y un buen doblaje al castellano, podríamos decir sin tapujos que en este apartado el juego es sobresaliente.

Arte-de-Destiny

Luces y sombras

Incluso varias semanas después de su lanzamiento, Destiny ha seguido dando que hablar en redes sociales, donde nos encontramos bastantes opiniones en contra pero también algunas a favor. Análisis del juego hay muchos, pero mi recomendación es que pases directamente de todos ellos y pruebes el juego en cuanto caiga en tus manos. La mayoría no le harán justicia y posiblemente estén sesgados por temas ajenos al propio juego (ni por asomo se merece unas notas bajísimas como ya hemos visto por ahí).

En mi opinión, es un juego estupendo. Con muchos errores (y encima, de esos que no se explican sabiendo el inmenso desarrollo que hay detrás) pero también con cosas muy positivas. Es un gran FPS con tintes de MMO, que no te cuenten películas. Y lo es en parte porque tiene a grandes profesionales detrás. A pesar de que a nivel gráfico tienen algunos fallos de esos que se siguen repitiendo por mucha Next-Gen que sea, al final es muy divertido, que es lo que realmente importa (siempre y cuando puedas disfrutarlo como Dios manda).

¿Estaremos ante uno de los mejores juegos del año? Ya sabemos que las etiquetas se ponen y se quitan en función de los intereses creados, de modo que es cuestión que dejo para los que gustan de estas chanzas. Destiny es una obra interesante, con una historia muy atractiva para el jugador. Como juego en sí, por momentos te maravilla y en cuestión de segundos te desquicia. Pero te incita a volver a jugar una y otra vez. La inversión de marketing realizada en Destiny ha sido bestial, con una fuerte campaña publicitaria muy bien dirigida que ha dado sus frutos en muy poco tiempo y, para bien o para mal, no ha dejado indiferente a nadie. El tiempo dirá si Bungie acertó o no. Ahora mismo, sólo me apetece viajar con mi escuadra a salvar a la galaxia y poder terminar la misión que tengo pendiente, conexión mediante. Crucemos los dedos.

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