De vez en cuando, el lector habitual de cómics se topa con una obra que, una vez leída, se queda oculta en algún lugar del cerebro, casi olvidada. Pero, pasado un tiempo y como si de algún modo te llamase, las ganas de una relectura van creciendo hasta que un día regresas a la estantería y buscas de nuevo ese tomo para volver a disfrutar de él. Y, quizá, esa segunda revisión aporte cosas que, de algún modo y por las razones que fuesen, pasaron desapercibidas la primera vez. Eso es lo que me ocurrió con La Aguja (The Spire, en el original) el cual es, hablando en términos de narrativa e imaginación, uno de los cómics más atractivos que he leído en mucho tiempo.
La Aguja está escrito por el guionista británico Simon Spurrier (Coda, X-Men) y dibujado por el artista Jeff Stokely (Batman, Bloodborne), un tándem que se complementa a las mil maravillas. Ambos autores ya habían trabajado juntos previamente en el maravilloso Six-Gun Gorilla, de BOOM! Studios. Con esta misma editorial, en 2015, estos dos fenómenos publican ‘La Aguja’, una historia que mezcla con maestría elementos de fantasía, misterio y Ciencia Ficción y que en sólo ocho números fue capaz de cautivar a propios y extraños en su edición norteamericana. En España, fue publicada en 2018 en formato tomo de tapa dura por la editorial Planeta De Cómic y, pese a no ser un hit de ventas, realmente es un cómic muy especial en muchos aspectos.

La historia nos lleva a una urbe de metal y piedra situada en mitad de un desierto radiactivo llamada La Aguja en la que conviven un millón de habitantes de distintas razas entre las que se encuentran humanos, mutados y otras criaturas. Allí conoceremos a Shå, la última de su especie; antaño conocidas como medusas. Shå ocupa el cargo de capitana de policía de la Guardia de la ciudad. Cuando la nueva baronesa está a punto de jurar su cargo (y parece que todo transcurre sin incidentes graves en la Aguja) una serie de extraños asesinatos comienzan a perturbar la relativa paz de esta metrópoli de hierro, piedra y maquinaria ancestral.
Aunque el guion no le va a la zaga, el dibujo es posiblemente el punto fuerte de este cómic. El estilo artístico de Jeff Stokely es una absoluta delicia visual y está apoyado a la perfección por el genial trabajo al color de André May. Stokely, con una mezcla entre las obras del famoso estudio de Miyazaki (el de Ghibli, no el de From Software) como, por ejemplo, Nausicaä y el toque de Moebius a la hora de realizar historietas. Ese puntito manga y Heavy Metal a la vez que posee La Aguja, sumado a una trama de suspense e investigación en un entorno tan peculiar y con una protagonista tan mordaz y tan segura de sí misma, logran que al final tengamos entre manos un cómic muy completo en todos sus apartados.
Sin duda, estos dos (tres, si sumamos a May, que creo es lo justo) forman un grandísimo equipo creativo y nos entregan aquí una narrativa gráfica solida y que engancha. La Aguja es una pequeña joya comiquera que quizá pasó algo desapercibida en su día (perdida entre la vorágine superheroica del momento) y que creo justo y necesario que reivindiquemos desde la web. Si por lo que sea se te pasó en su día, recuerda que nunca es tarde para disfrutar de los grandes tebeos.