Tras un apabullante debut en 1983 con ‘Kill’ em All’, los de San Francisco (aunque hay que recordar que la banda germina en Los Ángeles y poco después se trasladan allí como condición sine qua non para reclutar al que posiblemente fue el bajista más espectacular de la época) sientan las bases de lo que sería un incipiente género que llegaba dispuesto a destronar al Hard Rock y a las bandas Glam de las listas de éxitos. Metallica, junto con los Megadeth del expulsado de sus filas (y lleno de rencor) Dave Mustaine, unos incansables y ruidosos Slayer (a los que poco o nada les importaba ser comerciales) y, quizá los más variopintos de la escena, los neoyorquinos Anthrax; comienzan a arrasar allá por dónde pasan. Su música, llena de velocidad y técnica, rabia y letras que poco tenían que ver con la fiesta, los cardados y la diversión, comenzó un movimiento que con el tiempo pasó a ser conocido como Thrash Metal. Y ellos, nombrados también a posteriori como “The Big Four” lideraron dicho movimiento con sus primeros trabajos y luego con una carrera bien trabajada y llena de discos memorables.

Pero centrémonos en Metallica y en lo que, tan solo un año después de su debut discográfico, fue su segundo álbum. Uno de los más queridos por los fanáticos de la banda y los aficionados a la música Heavy Metal. Para empezar, aunque la presentación en sociedad con ‘Kill’ em All’ fue aplastante (y punta de lanza de todo un género) y la lista de canciones (todo himnos, básicamente, ni quito ni añado ninguna, personalmente) del mismo es incontestable (Metal Militia, Whiplash, Seek and Destroy, etcétera) los miembros de la banda seguían siendo terriblemente jóvenes e inexpertos para ciertas lides. Además, el no contar ya con un genio de la composición como Mustaine (gran letrista además) les complicaba aún más las cosas en lo musical. Pese a todo, ellos ya tenían varios temas compuestos que pensaban tenían mucho potencial. Y si había que tirar de nuevo de alguna canción co-creada por su excompañero, pues se incluía y listo.

Quizá lo más importante en ese momento, de cara a preparar su segundo álbum, era encontrar un productor adecuado. Ya habían conseguido despegar pero lo más importante era terminar de pulir todo lo bueno que ya había en el primer álbum. Para tan significativa tarea, se contrataron los servicios de Flemming Rasmussen, productor danés que había trabajado como ingeniero de sonido en un disco tan mítico como ‘Dificult to cure’, de Rainbow, entre otros y se había curtido en la producción trabajando con Roger Glover. El bueno de Flemming se encuentra con una banda con buena predisposición para trabajar, con hambre de éxito y con ganas de comerse el mundo con su segundo trabajo. Eso facilitó mucho las cosas y junto a la banda se puso a trabajar inmediatamente en los Sweet Silence Studios de Copenhague, Dinamarca, en lo que sería el segundo disco de Metallica: el archiconocido ‘Ride the Lightning’.

La prioridad era mejorar voces y guitarras de James (Rasmussen pensaba que estas últimas eran demasiado caóticas) pero pronto se toparon con un inconveniente: El equipo de amplificación del vocalista y cantante fue sustraído por un amigo de lo ajeno. El productor pudo conseguir varios Marshalls y pronto estaban de nuevo en marcha. La energía de ‘Kill ‘em all’ era bestial y ahora tocaba dar el paso adecuado partiendo de ese sonido. La banda quería evolucionar, no quería repetir el mismo disco, por lo que las sesiones con Rasmussen fueron estupendas, aunque tuviesen que trabajar duro. Una de las claves del éxito del anterior disco y de la fama granjeada como banda de directo había sido tener a James como frontman y eso había que cuidarlo especialmente de cara a la grabación. Y sobre todo, como digo, había que evolucionar. El productor danés también quiso hacer hincapié en que la batería de Ulrich debía mejorar su sonido y juntos trabajaron en ello durante sesiones maratonianas. Con Cliff poco o nada hubo que pulir. El tipo era simplemente un maldito genio. Se trabajaron mucho las guitarras dobladas y se probó la claqueta por primera vez en el instrumento de un entusiasta Lars en “For Whom The Bells Tolls”, canción que incluía en su inicio un yunque siendo golpeado por un martillo que emulaba el sonido de una campana. Historia del Metal, amigos. Todo indicaba que fácilmente se superaría lo conseguido en el primer álbum. Y vaya si así fue.

“Foto promocional de ‘Ride The Lightning, 1984”

Un 27 de julio de 1984 se pone a la venta por fin el álbum que cumple años hoy: ‘Ride the Lightning’. Lo hace través de Megaforce Records y Elektra, con una de las mejores portadas que se han visto jamás en un disco de la banda. Hetfield, Ulrich, Hammet y Burton han logrado su objetivo: el sonido ha evolucionado hacia algo más complejo y técnico pero sin perder la fiereza y velocidad y velocidad en algunos temas. El arranque con “Fight fire with fire” nos deja claro que siguen siendo Metallica y que su meta es ser los mejores. Cosas como ‘For Whom The Bells Tolls’ o “Creeping Death’ son canciones legendarias del Metal y nunca más saldrían ya de los set lists en directo. No podemos olvidar mencionar una canción como “Fade to black”, un tema lento y complejo que demuestra que la banda nunca ha tenido miedo de probar cosas nuevas a nivel musical. El fantasma de Mustaine está de nuevo presente en el tema-título y en la monumental y ‘Call of the Ktulu’, un tema instrumental de casi nueve minutos que pone los piel de gallina.

El disco no tardó mucho en arrasar en ventas y sirvió para que Metallica continuasen con paso firme hacia la conquista del mundo musical del Rock y el Metal. Atrás quedan anécdotas como las copias del sello francés Bernett que salieron con errores de impresión en la portada o que, más adelante, el bueno de Rasmussen llegara a declarar en entrevistas que lo que hicieron con Jason Newsted en ‘And Justice For All…?’ fue una tropelía y que este era mejor bajista que Burton a nivel técnico. Sea como fuere, ‘Ride the Lightning’ se ha convertido por méritos propios en un álbum clásico de los ochenta en lo que a Heavy Metal se refiere. Ocho temas que son Metallica en estado puro y que muchos no dejamos de poner una y otra vez en nuestros aparatos musicales, tocadiscos o, cosas del signos de los tiempos, en nuestros servicios de música en streaming bajo demanda favoritos. A mí, personalmente, el riff inicial de “Trapped Under Ice” me sigue poniendo los pelos como escarpias y me recuerda por qué amo esta música. Llámalo Speed Metal, Thrash Metal o simplemente Heavy Metal: ‘Ride the lightning’, pese a no ser el mejor de la banda (ese honor se lo lleva su sucesor ‘Master of Puppets’) es ese álbum al que siempre vuelves una y otra vez para recordar tiempos mejores.