A estas alturas de la película no vamos a descubrir que, pese al bajón considerable del cómic de superhéroes en la década de los noventa (el cual propició unos cuantos años oscuros para el género) vimos también como otras compañías seguían lanzando publicaciones de corte underground alejadas de las capas, nacía Image Comics y una major como DC Comics apostaba muy fuerte por un sello de cómics independientes y temática más adulta que se denominó Vertigo impulsado por una editora llamada Karen Berger. Pero no todo estaba perdido en el género superheroico. Tanto Marvel como su “Distinguida Competencia” continuaron lanzando cómics de gran calidad dentro de lo que se conoce vulgarmente como “pijameo”. Cosas como “Hulk: Futuro Imperfecto“, de Peter David & George Pérez o “Escuadrón Supremo” de Mark Gruenwald, Bob Hall y Paul Ryan en La Casa de las Ideas o el propio tebeo que nos ocupa hoy, en DC Comics, fueron ya no sólo lo mejor de aquella década, sino obras reivindicadas aún hoy día por legiones de lectores.

Starman, de James Robinson, Tony Harris, Peter Snejbjerg y Wade Von Grawbadger fueron los artífices de una de las series más queridas por los fans de DC Comics y más demandadas actualmente por los lectores de nuestro país. El cómic, que alcanzó la friolera de 80 números vio la luz en 1996 y en España fue publicado de manera muy irregular primero por Ediciones Zinco en formato Prestigio (números del 1-5), luego por Dolmen en rústica (que continuó la publicación a partir del 6 hasta el 15) y finalmente por Planeta De-Agostini que sí logró completar la serie en 6 tomos en tapa dura de más de 400 páginas cada uno. Un excepcional cómic de superhéroes verdaderamente especial por muchas razones que ahora pasamos a comentar en profundidad y con todo lujo de detalles pero sin spoilers, obviamente.

Los conceptos sobre los que se asienta esta serie son harto interesantes. Para empezar, una de las principales cuestiones que aborda el cómic de manera magistral es el concepto del legado. Pero además, visto desde un prisma que ha resistido el paso del tiempo estupendamente. El personaje de Starman, nos es traído aquí en forma de sucesor que no quiere ni ha pedido ser un héroe. Ted Knight, el Starman original está ya muy mayor. Hace tiempo que pasó el testigo a su hijo David, a priori el perfecto para asumir el manto del superhéroe. En cambio, su otro hijo, Jack, es la oveja negra de la familia. Jack es díscolo, rebelde y un joven al cual no le interesa para nada la faceta superheroica de la familia. Jack sólo quiere dedicarse a su tienda de antigüedades y a coleccionar cachivaches.

Jack Knight es un friki, como el lector que está sosteniendo en las manos el tebeo y alucinando con su lectura. De hecho, es ese lector, en realidad. Somos nosotros. Es sabido por todos que, en cuanto a personalidad, es básicamente un trasunto del propio Robinson y que la apariencia física está basada en parte en la del propio Harris. Todo esto hace que poco a poco se le vaya cogiendo mucho cariño pese a la complicada relación que mantiene con el padre y su manera de abordar las distintas situaciones que se le presentan. Y esa precisamente es otro aspecto importante sobre el que se apoya esta serie: las relaciones entre los personajes (brillantemente construidas, dicho sea de paso) ya sean relaciones familiares o entre aliados y enemigos. Cuando David Knight es misteriosamente asesinado al principio del primer número, a Jack no le quedará más remedio que convertirse, muy a su pesar y a regañadientes, en el heredero del cetro de poder de su padre e intentar llegar a ser el superhéroe que la ciudad necesita.

Y aquí entramos directamente en otro elemento de peso de la serie. Algo que es inherente al propio Universo DC: las ciudades ficticias. Aquí tenemos una serie de tramas que transcurren en la ciudad de Opal City, una maravillosa urbe plasmada con estilo art déco que, incluso por momentos, parece traspasar el papel y enamorar perdidamente a un lector que suspira por perderse en sus calles para luchar contra el crimen y detener a los extraños supervillanos que pululan por ella. Un escenario que casi podría decirse que traspasa de algún modo el papel por el gran nivel de realismo y los increíbles detalles dotados por el equipo creativo y que, junto con el del Condado de Turk, es donde transcurren la mayor parte de las historias iniciales; aunque más adelante nuestro protagonista se las vería con personajes ilustres de dicho universo como miembros de la JSA y otros e incluso viajaría al espacio.

De una manera muy inteligente, el guionista James Robinson se encarga de desarrollar a los personajes y de construir tramas que se van cociendo a fuego lento, como si todo se preparase con cariño y esmero para poder contar las historias de la mejor manera posible y lograr enamorar al lector con las andanzas de Jack. Es una gozada ver desfilar a personajes como Mikaal (alias Michael Thomas) y otros “Starmen” anteriores, Solomon Grundy, Shade (eventual aliado), la nueva y sexual Niebla o los hijos policías de Billy “Red” O’ Dare. En el apartado gráfico, Tony Harris empieza bien y número a número va evolucionando hasta alcanzar niveles estratosféricos de calidad. Lamentablemente, abandonó la serie pero su sustituto, Peter Snejbjerg no le iba muy a la zaga en este sentido y logró que el tebeo no se resintiese ni lo más mínimo en este apartado. Además, y casi lo más importante, no descendió tampoco el nivel de personalidad de la obra. En cuanto, al color, hay que comentar también la estupenda labor del talentoso y varias veces premiado Wade Von Grawbadger; aunque quizá sea esto lo que peor ha resistido el paso del tiempo, como suele pasar en estos casos y en según qué ediciones.

En definitiva, una de esas historias atemporales con un “héroe a la fuerza” que, a pesar de la reticencia inicial y de las piedras en el camino, finalmente acaba por encontrar su camino y abrazarlo. Una serie muy personal de DC Comics que (y esto es algo incuestionable) rebosa calidad por todos lados y que hoy día es el objeto de deseo de muchos aficionados en nuestro país; los cuales suspiran por una reedición por parte de ECC Ediciones que haga justicia a la obra y que contenga, al menos, los mismos extras que la versión de Planeta. Esperemos que así sea y veamos de nuevo publicadas las aventuras y desventuras del bueno de Jack Knight en nuestro país.