Toki, el inolvidable clásico de los salones recreativos

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La de veces que habremos echado monedas en la máquina que os traigo hoy al blog, ¿verdad? Y es que en esta ocasión, para deleite de todos los viejunos aficionados al videojuego clásico, nos visita el insigne Toki, el primate con más solera y arte de nuestro mundillo (con permiso de Donkey Kong y su familia, claro).

En 1989, de la mano de TAD Corporation llegó a los salones recreativos de todo el mundo un clásico donde los haya: El mítico Toki (más conocido en tierras japonesas como ‘Ju Ju Densetsu’). Un divertido título de plataformas el cual nos presentaba a un héroe diferente, solitario y pintoresco que, una vez más, debía sortear cientos de peligros y eliminar a miles de enemigos para rescatar a su amada de las garras del mal.

Toki siempre ha sido de esos juegos que ha cautivado a grandes y pequeños, en parte por su sencillez, sus gráficos y un tremenda jugabilidad. Fue desarrollado por los responsables de otro gran clásico, el archiconocido ‘Cabal‘. Como solía ser habitual, dio el salto de salones recreativos a distintas plataformas domésticas como Spectrum, NES, o Mega Drive, entre otras, hecho que sin duda aumentó la popularidad del personaje entre los jugones y quizá por ello hoy la gran mayoría de lectores de la web le tienen tanto cariño.

Toki-a-rescate

La historia de este clásico nos pone en la piel de un humano llamado Toki que pertenece a una tribu de la jungla. Nuestro amigo (y futuro héroe de esta historia) vive feliz en la tribu, con su novia Miho. Hasta que un día, un malvado hechicero conocido como Vookimedlo rapta a la chica y le transforma en un primate saltarín que escupe bolas de fuego… ¿Soy yo o los videojuegos de antes molaban más que los de ahora a pesar de repetir el mismo argumento hasta la saciedad?

Así, Toki deberá embarcarse en una aventura colosal, repleta de enemigos variados, plataformas y peligros que fascinarían (y aún lo hacen) al jugador cada minuto que permanece tras el mando. Estamos ante uno de los juegos clásicos por antonomasia, un título que ha permanecido en la memoria de los gamers durante años, siendo muy querido y que cada cierto tiempo recuperamos para dar cuenta de él y disfrutar como enanos de él.

A diferencia de otras recreativas de la época, ha envejecido a las mil maravillas y ha conservado todas sus virtudes intactas. Sprites monumentales, gran sentido del humor, efectos de sonido inolvidables, mucho colorido y, sobre todo, diversión, diversión y más diversión. Pasan los años y uno no se cansa de ir saltando de plataforma en plataforma machacando a “malosos” y malignas criaturas a base de escupitajos (no en vano, en Estados Unidos se conoció a este juego con el sobrenombre de ‘Monkey Spit‘).

Una de las características más significativas de Toki (además de los saltos y las escaladas y el buceo) era la capacidad de disparo, que podíamos aumentar recogiendo diferentes ítems que encontrábamos por el mapeado las cuales proporcionaban diversas cualidades a nuestras bolas de energía. Otros elementos como unas misteriosas zapatillas deportivas que potenciaban la capacidad de salto o un casco de fútbol americano que aumentaba nuestra resistencia, dotaban al protagonista de cierto aire cómico. Ni que decir tiene que el propio diseño del personaje y sus expresiones faciales o lo entrañablemente absurdos y extraños que eran ciertos enemigos seguían también esa misma línea.

Tampoco podían faltar las sempiternas monedas y una mecánica de juego diseñada para obligar al jugador a llegar hasta el final mientras se divertía, por más vidas que perdiésemos vidas en el intento de completar nuestra difícil misión. Recordad que en aquellos años lo importante era que el jugador saliese de los recreativos con los bolsillos vacíos y la sensación de que ese juego era lo máximo y debía volver con más  dinero para seguir intentándolo. Y en ese sentido, Toki cumplía sobradamente su cometido.

Insisto; no conozco a nadie que no haya entrado a un salón recreativo y que no se haya dejado los cuartos en esta entretenida máquina, la verdad. Un auténtico clasicazo que, al igual que el buen vino, gana con los años y que sin duda merecía ser recordado en esta sección ya que el “monito que escupe bolitas de energía” hace ya algún tiempo que se ganó un merecido lugar en el Olimpo de los juegos para salones recreativos. ¿O no?

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